Vínculos: saludables o enfermos

Somos seres sociales, desde que nacemos establecemos una relación que nos vincula  desde el vientre con otra persona de la cual dependemos para sobrevivir. A lo largo de nuestra vida nos desarrollamos y crecemos a través de la relación con el otro.

Dios es tres personas y dijo: “Hagamos”.  Dios  y el hombre desarrollan un vínculo, por tanto, podemos decir que todos estamos sujetos a situaciones generadas por vínculos desde el origen. Pero, ¿son siempre vínculos sanos o pueden estar enfermos?

Gracias a Dios hoy contamos con recursos que nos ayudan a entender lo que nos sucede. Al saber lo que nos pasa podemos buscar mejores soluciones a nuestras dificultades. La información que recibimos muchas veces, en estudio, lecturas, talleres, terapia, ministración nos ayuda a “entendernos” y “entender al otro”. Esto es parte de la educación y salud emocional, parte de nuestra ‘inteligencia emocional’, según Daniel Goleman, y también parte de la inteligencia espiritual que podemos ver en la Escritura. Al educarnos empezamos a tener salud, nuestro entendimiento se abre y entendemos el valor de la salud física emocional y espiritual.

Vínculos. Si partimos desde nuestro propio génesis y repensamos los vínculos desde el inicio de nuestra existencia, podremos entender mucho de lo que nos sucede.

Escuchamos al bebé llorar en su cuna por alimento, pero debemos saber que también llora por afecto, ternura, contención y seguridad. El nuevo ambiente después de abandonar el seno materno es amenazante, incierto e inseguro; ese bebé no está pidiendo solo alimento, hay una suma de necesidades  que deben ser satisfechas. Esta satisfacción o no, nos acompañará en nuestra infancia, adolescencia y adultez, en forma de vínculos sanos o enfermos, que dependen generalmente de este primer vínculo con la madre o cuidador.

Esta necesidad primaria genera temores, inseguridad o enojo, incertidumbre o rabia al no ser alimentado físicamente y al no recibir la seguridad, el afecto y la contención que es también parte de su necesidad básica.

Cuando estamos frente a personas inseguras, tímidas, dependientes o agresivas, probablemente nos hallamos delante de alguien que sus necesidades no fueron  satisfecha de acuerdo a su propia percepción. Todos percibimos en modo diferente porque somos seres únicos, los hijos de una familia son distintos entre sí.

Estos temores aparecen en situaciones de conflicto ante la hostilidad propia y ajena. No atenderlos adecuadamente tendrá muchas posibilidades de convertirse en un vínculo enfermo (agresivo, depresivo, dependiente, inseguro).

Miedo a cambiar

Tendemos a permanecer en la zona de comodidad, aunque sea potencialmente peligrosa para la salud física y emocional. No se trata de no tener miedos, sino buscar el modo de trabajar para superarlos con nuevos paradigmas que apunten a diferentes formas de pensar, sentir y hacer, que nos acerquen a una vida plena y libre.

El paso de lo viejo (conocido) a lo nuevo (no conocido) es esencial para el  cambio, el crecimiento y el desarrollo por medio de la información-aprendizaje. Los miedos y ansiedades básicas nos hacen sentir vulnerables, sin las herramientas necesarias para afrontar las nuevas realidades que se nos presentan.

Encontramos esperanza para desarrollar vínculos sanos cuando propiciamos el cambio, superando el fuerte deseo de permanecer en el estereotipo, en la repetición de la conducta, resistiendo de esta manera toda modificación, para entrar definitivamente en la zona de cambio.

Dejamos aquí algunos tips que junto a la guía del Espíritu Santo nos ayudarán sanar nuestros vínculos:

  • Comunicar en modo sano y claro.
  • Trabajar constantemente la pertenencia al grupo (familia-trabajo-sociedad).
  • Cooperar mutuamente en el desarrollo propio y del otro.
  • Motivar a un aprendizaje que genere cambios.
  • Estimular a la empatía que nos enseñó Jesús, amándonos, respetándonos y cuidándonos los unos a los otros, cada vez más.

Dios nos guiará  a ser instrumentos de bendición y cuidado de nuestros semejantes.

Margarita Macazaga. Autora del libro Canales de Esperanza. Editorial Aljaba.