Autorrevelación: proceso por el cual Dios se presentó ante Abram dando a conocer su persona y sus propósitos

Y ninguno enseñará a su prójimo, Ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; Porque todos me conoceránDesde el menor hasta el mayor de ellos.” Hebreos 8:11

Un gusto verte por aqui, soy Abraham, y quisiera compartirte mi bitacora de viaje de hace bastantes años atrás. Yo soy la única persona en la historia la cual, tubo el privilegio, de que Dios lo llamara “su amigo”, aunque muchisimos años posteriores a mi, mi Señor dijese a sus discípulos que los llamaría amigos, eso sería en otros contextos. Yo he caminado, hablado y compartido revelaciones que resultaron cruciales en mi vida y en ellos pude conocer personalmente a mi Dios, mi Amigo y mi Señor. De seguro habrá muchas cosas que quedarán en el tintero de los que escriben las historias, te contaré cinco historias que me han permitido conocer la persona de mi amigo.

Primer historia
Una voz del más allá

Todo empezó cierto día en Sumeria que me encontraba viviendo con mi padre, Taré, un hombre verdaderamente excepcional, quien se había hecho cargo de su nieto Lot, a partir de la muerte de mi hermano Harán.(Génesis 11:27-32)

Habíamos quedado desbastados tras la muerte de mi hermano, sólo viviamos para satisfacer y encontrar el favor de una gran multitud de dioses que se nos presentaban, a medida que nos dabamos cuenta que había fuerzas que no podiamos controlar. Para todo tipo de problemas, mi padre me había enseñado que había un dios al cual yo debía acudir para satisfacer y hallar solución a dicho asunto. Es así que cuando tenía un problema de falta de justicia debía recurrir a Shamash o más bien conocido como Utu (Leick), si el problema se trataba de sexualidad, amor o fertilidad simplemente nos dirigíamos a Isthar (Campbell, 1976), ¡ay ay ay… ni se imaginan las veces que habremos estado llorando frente a su estatua junto a Sarai, mi mujer, y ya sin fuerzas de tanto llorar, recurria a Ninkasi, la diosa de la cerveza y el alcohol,(Barton) y junto a su estatua ahogaba mis penas (NdeA).

Pero cierta vez, sucedió algo totalmente fuera de lo común a lo cual yo no estaba acostumbrado… Una voz que no procedía de ninguna estatua sonó muy claramente en mi cabeza:

Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. (Génesis 12:1-3)

Debo confesar que al principio tube mis dudas acerca de esa voz y no fue hasta que murió mi padre que tome la decisión de irme de mi tierra, llevando conmigo a mi sobrino, -¡pobre!… No podía dejarlo atrás luego de perder a su padre y ahora también a su abuelo (NdeA). Volviendo al caso la idea de esa voz era totalmente revolucionaria. Nosotros viviamos para satisfacer los caprichos de dioses a los que nunca habíamos conocido, ni visto, ni oido, y esta voz me invitaba a entrar a un nuevo mañana, dejando atrás las viejas constumbres de mi padre. Nosotros ibamos vez tras vez llevando sacrificios y ofrendas a fin de aplacar el descontento de nuestros dioses o demostrar la profunda gratitud que sentiamos hacia ellos… Pero esa voz, era totalmente singular… ella se revelaba por si sola a mi, sin necesidad de que yo le buscara, al contrario de mis dioses de madera, piedra y barro, fabricados conforme a nuestra imaginación, esta voz me hablaba, y fue sólo hasta ese preciso momento que tome la decisión de obedecerle, que esa voz se hizo más real. Ese primer encuentro, me dejo una enseñaza acerca de mi Señor: a El le agrada que le tengan Fe, y fue con fe y no con sacrificios que comenzó nuestra relación, no fui yo quien dio ese primer paso hacia una estrecha relación, sino fue El quien se acerco a mi… será tal vez pues, que muchisimos años más tarde a mi me llamen el Padre de la Fe.

Mi Segunda historia
Una promesa y un compañero de viaje

No se si te a pasado alguna vez pasar frente un lugar simplemente espectacular, tal vez una casa, donde con los ojos abiertos, hayas podido soñar viendo a tus hijos correr entre sus habitaciones, trepandose al árbol del jardín, jugar a las escondidas con los de tu casa. Ese lugar que deseas fuertemente donde en la alfombra diga: “home sweet home”. Bien fue a la altura de mi largo viaje por Siquem que llegue al encinar de Moré, y en esa tierra privilegiada por la naturaleza habitaban los gigantescos cananeos, pensando para mis adentros, me daba cuenta que sólo gente de ese tamaño podría habitar en ese lugar ¿quién más se atrevería a vivir alli sin el riesgo de ser robado y saqueado en una tierra donde aún no existían las leyes?… fue estando en esos pensamientos (NdeA) que sin darme cuenta a mi lado estaba de pie viendo la tierra mi Señor, quien me dijo:

-A tu descendencia daré esta tierra. (Génesis 12:7)

Juro que quede tan perplejo que no tube más remedio que edificar alli mismo un altar en agradecimiento a tal promesa, la tierra era maravillosa al extremo y esta iba a ser propiedad de mi descendencia. Continué mi travesía hasta llegar al este de Bet El y alli nuevamente edificar un nuevo altar donde comencé a invocar el nombre de mi amigo “יחוח”.

De ese encuentro aprendí que mi Dios estaría conmigo a cualquier lugar fuese y que el tenía un plan con mi vida.

Mi Tercer historia
Una paciencia a prueba de lo imposible

Ya habían pasado varios años luego de aquel encuentro frente a la tierra del cananeo. Había viajado a Egipto donde el faraón se había enamorado de Sarai, y por donde iba con mi tribu, me hacía más y más rico a tal punto que tube una disputa con mi sobrino Lot por los pastizales y fue el motivo de nuestra separación. Como yo contaba con la promesa de que la tierra era mia, le di a Lot la oportunidad de elegir el lugar que él quisiera… a mi me bastaba con la promesa de mi Dios… pero, había algo que no escapaba a la realidad… estabamos envejeciendo y ya habían pasado varios años desde la última vez que el Señor se me había aparecido y fue luego de esa separación que volvió a aparecer el Señor… esta vez en un sueño:

-No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande. Entonces le respondí: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer?. Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa. Entonces el me dijo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará. Y me llevó fuera, y me dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y me dijo: Así será tu descendencia.  Entonces le creí a Jehová. (Génesis 15)

De ese encuentro, aprendí que Dios tenía todo bajo su control, que él no se regía por nuestras realidades, sino que él estaba por encima de nuestras posibilidades… Por cierto aprendí algo más… que no puedo avanzar al segundo paso sin completar el primero, El Señor me había dicho claramente –Deja a tu parentela, y yo guiado por mis sentimientos queriendo ser el dios de mis situaciones lleve a cuestas conmigo a Lot, y no fue hasta ese entonces que el Señor volvió a presentarse ante mi. Aún estoy agradecido a Dios por ello, en su soberanía el podía haber intervenido y erradicado a Lot de mi vida, pero entendí que Dios no iba a traspasar mis decisiones, verdaderamente estaba delante de un amigo extremadamente paciente y esa paciencia me fue contagiada en nuestra relación.

Mi cuarta historia la llamaré
Entre vos que no podés… y yo que no me acuerdo

Un día de calor fulminante con el sol sobre nuestras cabezas, era solamente otro día más en el encinar de Mamre, un día común, como cualquier otro día aburrido, en que sólo las moscas encuentran entretenido zumbar, podía oir desde la puerta de mi tienda a Sara dandole unas cachetadas a un pan de pita que me serviría en unos instantes en el almuerzo… casi sin darme cuenta veo tres hombres frente a mi… estáticos… como esperando la llegada del colectivo… cuando caigo en razón que aún los colectivos no se habían inventado (NdeA) salto de mi sopor y corro hacia ellos tendiéndome a sus pies, no fue difícil saber que era mi Señor que realizaba su quinta visita. Ni se les ocurra pensar que me haría rogar. corri al corral y elegí el mejor y el más tierno cordero de la camada, mantequilla y leche y acomode a mis comensales a la sombra de la encina y disfrutamos el almuerzo ¡¡Que lujo!! Esa sería la primera vez en la historia que un hombre se sentara con su Dios a almorzar… imagínatelo dar las gracias a Dios por los alimentos y que tu invitado te responda: -Pues, por nada, hombre!

Esa visita me tenía preparado una sorpresa:

– De cierto volveré a ti; y según el tiempo de la vida, he aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo.

Sara que escuchaba desde la puerta comenzó a reirse, ya hacia tiempo que habíamos solucionado ese problema de la descendencia usando a Agar para ese fin. Pero la mirada del Señor fue muy desconcertante, en sus ojos pude ver que los planes de Dios se cumplen sin necesidad de nuestra ayuda. Fue cuando comprendí que otra vez había pisado el error de intentar ayudar a Dios a que se cumplan sus propósitos como lo había hecho con Lot, se me reveló que la voluntad de Dios no es algo que deba forzarese a que se cumpla, simplemente debemos habitar en ella y fluir en sus propósitos. Aprendí que Dios es Soberano y todo lo que promete lo cumplirá.

Mi quinta y última historia
Un puñal al centro de mi devoción

Con Sara nos sentiamos tremendamente felices, ver a mi esposa envejecida amamantando a Isaac era un cuadro sacado de un cuento de fantasía, sentiamos y viviamos en un sueño hecho realidad si hasta nuestros cuerpos habían cobrado una nueva vitalidad, prácticamente nos sentiamos totamente rejuvenecidos y no sólo nos sentíamos, nos veiamos jóvenes nuevamente, figurate que Abimelec años más tarde quedaría enamorado de mi bella Sara, los años iban transcurriendo y ver a Isaac correr entre las manadas de ovejas te inspiraba un sueño renovado… si su nacimiento había sido posible!! Entonces si!! Es posible mirar a mi descendencia como las arenas del mar, era realmente divertido caminar con Sara junto al mar y ver la multitud de granos de arena y jugar a colocarle nombre a cada grano que colocaba en su mano… ahora SI… NADA podía detenerme, NADA, absolutamente NADA… hasta que una tarde vino la voz de Dios a mi:

-Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. (Génesis 22)

La cabeza me daba vueltas buscando las posibles formas de continuar el plan, obviamente Dios me había prometido una descendencia y lo cumpliría pero si esto era necesario para que ese plan se cumpliera quien era yo para poner en tela de juicio a un Dios que me había demostrado su Soberanía. Mi cuchillo se alzo sobre el pecho de mi niño y en ese instante su voz sono fuerte y detubo la masacre… No obstante el sacrificio ya estaba realizado en mi corazón, comprendí que Dios, al entregarme un cordero para sacrificarlo en lugar de Isaac, muchos años más tarde daría el mismo la vida de su Hijo para que nuevamente el hombre forjara su amistad con El. Comprendí que el proveería ese sacrificio por nuestra amistad.

Esta historia sacada de la Biblia y sasonada con un poco de expresiones humanas sólo intentan descubrirte una verdad y una relexión:

Cuantas veces podrías leer libros, estudiar seminarios, graduarte con Doctorados reunir sistemáticamente todos los enunciados acerca de Dios, y hasta te diría que el mismo Abraham se sorprendería de las cantidades de cosas que le enseñarías acerca de Dios. Pero una sóla cosa es cierta en esta historia: Dios tiene una sóla manera de revelarse al hombre y esta es por medio de si mismo, por medio de la experiencia  que sólo da la autorrevelación misma de Dios.

 

Bibliografía

Barton, G. A. Archaeology and The Bible.

Campbell, J. (1976). The Masks of God: Occidental Mythology. (Penguin, Ed.) New York.

Leick, G. Mesopotamia: la invención de la ciudad. (Rubí, Ed.) Barcelona.

NdeA. Expresiones imaginarias que refuerzan la idea del acontecimiento. (N. d. Autor, Ed.)

Valera, R. (1960). La Santa Biblia. (S. Biblicas, Ed.)